De cómo nos aproximamos a la realidad y por tanto al conocimiento

Hace unos años leí el cuento Tres ciegos y un elefante de Claudia Rueda (2002) que empieza así y que, por cierto, realizó unas ilustraciones exquisitas.

“Un elefante, muy gris y muy grande, comía tranquilamente en un bello jardín.
El elefante hizo una pausa, tomó aire, levantó la trompa y sopló haciendo un ruido muy fuerte.
Tres hombres ciegos pasaban por ahí.
— ¿Qué ha sido eso?,— dijo el primer hombre.
El segundo hombre contestó con seguridad: — un elefante.
— ¿Y cómo es un elefante?, — preguntó el tercer hombre.
— No estoy muy seguro, — respondió el primer hombre,— debemos investigar.
Entonces el primer ciego se acercó por detrás con un brazo extendido y la mano abierta. El ciego encontró la cola del elefante y la examinó detenidamente.
— ¡ Ya sé!, — dijo.— Un elefante es largo y delgado como una soga (…).”

Al final del libro se indica que “esta leyenda, (…), fue recogida por el poeta Jalal Al-din Rumi (1207-1273). En uno de sus poemas utiliza el elefante como metáfora de la imposibilidad de comprender el todo si nos aproximamos solamente a una de sus partes.”

Tres ciegos y un elefante-cuento from Miriam Tello on Vimeo.

Hace casi dos décadas contemplé en Bruselas el cuadro Ceci nést pas une pipe de Renne Magritte, que ya había visto reproducido fotográficamente numerosas veces (1). Remontándome más al pasado, con 17 años, vi una fotografía, de la obra Fuente de Marcell Duchamp (2),  en la que, como sabemos, el elemento de partida del autor es un objeto cotidiano, un urinario concretamente, al que modifica descontex-tualizándolo y renombrándolo (3).

Estos son solo tres ejemplos que ilustran algunas de las múltiples formas que utilizamos y por tanto que tenemos, para aproximarnos a la realidad y por consiguiente para comprender el mundo en que vivimos.

Como se observa y como ya sabemos sobradamente, para conocer nos valemos de los sentidos (4).  En el primer ejemplo los protagonistas del cuento inicialmente utilizan el oído. Este nos ayuda a reconocer un sonido, si es que nos es familiar y asociarlo al emisor. “— ¿Qué ha sido eso?,— dijo el primer hombre. El segundo contestó con seguridad: — un elefante.” En este caso, los receptores aciertan porque ya conocían ese sonido y sabían qué animal lo emite. Aquí no hay error entre la asociación sonora y la palabra que lo designa. Pero nuestros protagonistas quieren saber más y conocer su forma. Sin embargo, limitados como están del sentido de la vista, recurren al tacto. Como el elefante, por su tamaño, es difícil de abarcar, ninguno de ellos es capaz de saber cual es su verdadero aspecto y cada uno obtiene conclusiones distintas según la parte que han tocado del animal.

¿Qué habría pasado si en vez de un elefante, hubiera habido un televisor, una radio o un hombre que imita muy bien el sonido de los elefantes…? En los tres ejemplos nuestros hombres sí habrían podido abarcar toda su magnitud y tener una idea muy aproximada de su forma, textura, dureza, peso, altura… pero obviamente no habrían descrito a un elefante sino al medio utilizado para producir su sonido. Es decir, habrían errado en el diagnóstico al confundir al medio por la cosa. Este hecho se pone en evidencia en el cuadro citado anteriormente Ceci nést pas une pipe en el que se representa (5) gráficamente a un objeto y cuyo autor nos hace reflexionar sobre lo que vemos indicando que la imagen no es el objeto real.

La obra de Duchamp da un paso más. Por un lado pone en tela de juicio la naturaleza del objeto real y demuestra que puede transmutarse en otra cosa si cambiamos el contexto y el nombre, “solo” ha hecho falta la intención del artista para crear otra identidad.

Trasladando este debate al entorno educativo es lógico considerar las siguientes cuestiones: ¿a quién se enseña?, ¿quién lo hace?, ¿qué?, ¿para qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿dónde? Todos estos interrogantes tienen respuesta, pero serán diferentes dependiendo de la época, el lugar, el contexto, los medios, las disciplinas y por supuesto la opinión personal de quien responda. El abanico de posibilidades es amplio, aunque a menudo se tiende a funcionar dejándose llevar por las dinámicas aprendidas por la experiencia personal y adaptándonos a lo que se esté haciendo en el lugar que hayamos aterrizado. 

Notas a pié:

(1) La última en el libro APARICI, R. (coord.) (2010). La construcción de la realidad en los medios de comunicación. Madrid. Uned.
(2) En AZCÁRATE RISTORI, J. Mª., PÉREZ SANCHEZ, A. E.  y RAMÍREZ DOMINGUEZ, J. A. (1989). Historia del arte. Madrid. Anaya.
(3) Recordamos la polémica surgida en ARCO 2015 sobre el precio de la pieza Vaso de agua medio lleno (2006) de Wilfredo Prieto dentro del stand de la galería Nogueras Blanchard. Su coste atiende a las mismas cuestiones sobre la oferta y la demanda que marcan por ejemplo los salarios de los futbolistas estrella.
(4) Los sentidos son aquellos órganos que le permiten al hombre, y al resto de los animales ponerse en contacto con el mundo que les rodea y les aporta información necesaria para conocer su entorno y adaptarse a él”  (APARICI, R.; GARCIA MATILLA, A.; VALDIVIA SANTIAGO, M. 1992, 17).
Desde hace un tiempo se incluye el sistema propioceptivo y el vestibular en el conjunto de los sentidos.
(5) Todas las imágenes que nos muestran los diferentes medios de comunicación y de información representan, vuelven a mostrar algo que no está presente pero que alude a algo que hace referencia y que identificamos porque mantiene algunos de los atributos del modelo, pero nunca es el modelo mismo(APARICI, R. 2010, 12).

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